
Esa mañana el cielo de Bogotá estaba de ese gris denso que parece que te va a caer encima en cualquier momento, un color que reconozco bien porque es el mismo que trato de mezclar en mi paleta cuando tengo que ilustrar dÃas de nostalgia. Entré al estudio con el café en la mano, esperando ver mis jabones del sábado âunos de lavanda que me habÃan quedado con un degradado preciosoâ y me encontré con una escena de terror para cualquier aficionado: mis barritas estaban cubiertas de una capa de gotitas brillantes, como si hubieran corrido una maratón nocturna o les hubiera dado un ataque de ansiedad. Estaban pegajosos, opacos, y mi gato, que siempre audita mi trabajo desde el borde de la mesa, los miraba con una desconfianza absoluta, como diciendo: "LucÃa, esto no estaba en el contrato".
Antes de seguir contándoles mis tragedias jaboneras, una nota rápida: en este blog van a encontrar algunos enlaces de afiliado. Si deciden comprar un curso o material a través de ellos, me cae una pequeña comisión por la recomendación, pero para ustedes el precio es exactamente el mismo. Solo les hablo de cosas que yo misma he probado en mis tardes de sábado, como el curso de Velas y Jabones Artesanales OFERTA 3x1, que fue el que finalmente me explicó por qué mis experimentos a veces parecen tener vida propia. Si no lo aclaro, asuman que es solo mi opinión de ilustradora que hace jabones por puro placer.
¿Por qué parece que el jabón está llorando?
Lo primero que hice fue entrar en pánico. Pensé que mi manÃa de dosificar la fragancia "al ojo" âporque a veces siento que el instinto vale más que la probetaâ habÃa arruinado la mezcla. Pero no. Resulta que el jabón de glicerina no está sudando aceite ni se está derritiendo; lo que pasa es que es una criatura profundamente sedienta. La glicerina es lo que los quÃmicos llaman un humectante, y en las bases comerciales suele representar entre el 15-25% del contenido. Su superpoder, y a la vez su maldición en ciudades como la mÃa, es que es higroscópica: atrae el agua del aire como si fuera un imán.
Recuerdo que una tarde lluviosa de noviembre, cuando apenas estaba empezando con esto, me pasó lo mismo y traté de secarlos con una toalla de papel. Gran error. El papel se pegó, dejó pelusas y el jabón se puso más rebelde. Lo que sucede es que cuando la humedad relativa en el ambiente es alta ây en Bogotá solemos estar entre el 75-80% de humedadâ, la glicerina del jabón empieza a atrapar esas microgotas del aire y las condensa en su superficie. Es fÃsica pura, una reacción de mi base de jabón saludando al clima bogotano. No es que el jabón esté mal hecho, es que está haciendo su trabajo de atraer humedad demasiado bien.
El dilema de la temperatura y el "ojo" de la artesana
Durante las semanas más húmedas de marzo, me obsesioné un poco con el tema. Noté que el problema empezaba desde que ponÃa la base en la jarra. A veces, por el afán de terminar para sentarme a ver una pelÃcula, dejaba que el jabón se calentara demasiado. La base de glicerina tiene un punto de fusión de unos 50-60 grados centÃgrados. Si te pasas de ahà y dejas que hierva (cosa que me pasó una vez mientras regañaba al gato por intentar morder un pincel), la estructura del jabón cambia, se evapora parte de su humedad interna y se vuelve mucho más propenso a "sudar" después para compensar.
AprendÃ, un poco a las malas, que la paciencia es el ingrediente principal. Si quieres evitar burbujas y desastres térmicos, tienes que ir despacio. De hecho, hace poco escribà sobre cómo evitar burbujas en el jabón de glicerina al verterlo en moldes, porque ese es otro drama que va de la mano con el exceso de calor. Mi abuela siempre decÃa que la cocina (y ella hacÃa unos jabones de tierra increÃbles en el campo) no acepta afanes, y el jabón de glicerina es igual de caprichoso que un soufflé.
Cómo evitar el sudor sin perder la cabeza (ni el sábado)
Después de leer un par de guÃas y de ver algunos módulos del curso que mencioné antes, empecé a implementar una rutina de "sellado" que me cambió la vida. Aquà les dejo lo que me funciona a mÃ, en medio de mi desorden creativo:
- El envoltorio es ley: Apenas el jabón está frÃo y desmoldado (no lo dejes horas ahà respirando el aire bogotano), envuélvelo en film plástico. Pero hazlo bien, que quede como una segunda piel, sin aire atrapado.
- Controla el termómetro: Aunque yo sigo confiando en mi instinto para los olores, para la temperatura ahora soy más estricta. No dejo que la base pase de los 60 grados. Si ves que empieza a sacar vapor como si fuera una cafetera, vas por mal camino.
- Nada de nevera: Hubo una época en la que metÃa los moldes al refrigerador para que endurecieran rápido. Gran error. El choque térmico al sacarlos al ambiente tibio de la cocina hacÃa que sudaran al instante. Es mejor dejarlos a su ritmo, sobre el mesón, lejos de la ventana abierta.
Si eres de las que prefiere tener una guÃa más estructurada y no depender tanto de la suerte, a veces ayuda usar herramientas que te digan exactamente cuánto de cada cosa poner. Yo suelo consultar mi experiencia usando una calculadora de recetas para jabones de glicerina para no pasarme con los aditivos, porque ponerle demasiada miel o demasiada vitamina E también puede hacer que el jabón se sienta pegajoso.
El truco para zonas de humedad extrema (la táctica de la caja)
Aquà es donde mi experiencia como habitante de una ciudad de nubes constantes me ha dado un truco extra. Si vives en la costa o en un sitio donde la humedad es una presencia fÃsica que se te pega a la ropa, el film plástico a veces no es suficiente. Lo que yo hago ahora, especialmente desde hace apenas un par de meses que el clima se puso insoportable, es usar recipientes herméticos.
Una vez envueltos en su plástico, guardo los jabones en una caja de esas de plástico con caucho en la tapa para que cierren al vacÃo. Y el secreto de diseñadora: meto dentro un par de esas bolsitas de gel de sÃlice que vienen en las cajas de zapatos o en los bolsos nuevos. Eso crea un microclima seco dentro de la caja y mantiene mis jabones perfectos hasta que decido regalarlos o usarlos. Es como crearles un pequeño búnker anti-humedad.
A veces me preguntan si vale la pena tanto esfuerzo por un hobby de fin de semana. Pero es que para mÃ, ver el jabón liso, brillante y con el aroma intacto es como terminar una ilustración y ver que los colores quedaron exactamente como los imaginé. Si quieres profundizar más en estas técnicas, el curso Velas y Jabones Artesanales tiene una sección muy buena sobre conservación que me salvó varios lotes este año.
Reflexiones finales entre moldes y café
Al final del dÃa, hacer jabón es un ejercicio de observación. Ya no me peleo con el clima de Bogotá; simplemente me adapto. Si el dÃa está muy lluvioso, prefiero no desmoldar nada y esperar a que salga un poquito de sol el domingo. He aprendido que la glicerina es un material vivo, que reacciona a su entorno igual que mis acuarelas reaccionan al papel según la humedad del cuarto.
Si estás empezando y tus jabones parecen estar llorando, no los botes. Puedes lavarlos un poco con agua frÃa para quitarles lo pegajoso, secarlos muy bien con un paño que no suelte pelusa y envolverlos inmediatamente. No pierden sus propiedades, solo es un pequeño berrinche estético. Y si sientes que necesitas un poco más de orden en este caos creativo, siempre puedes leer sobre cómo organizar un rincón de manualidades para hacer jabones en casa, que ayuda mucho a tener todo a mano cuando el jabón empieza a enfriarse y el tiempo corre.
Ahora voy a ver si el gato me deja un espacio en la mesa para seguir con el lote de esta semana. Espero que estos consejos les sirvan para que sus jabones brillen por su diseño y no por el sudor. ¡Nos leemos el próximo sábado!