Olorua

Los beneficios de las manualidades creativas durante mis tardes de sábado

2026.08.27
Manualidades creativas de sábado: velas de soja y jabones artesanales sobre una mesa de trabajo en casa

El cuchillo entra en el bloque de glicerina y suelta ese chasquido seco que ya reconozco de memoria. Ahí, en ese primer corte de la tarde, aterrizan mis sábados: entre velas de soja a medio fundir y jabones artesanales que nunca prometen salir perfectos, este pasatiempo en casa se volvió mi versión del bienestar creativo que mis manos de ilustradora llevaban rato pidiendo.

Antes de seguir, un aviso corto: algunos enlaces que dejo por aquí son de afiliado, así que si terminas comprando un curso o un material a través de ellos, a mí me llega una comisión sin que tú pagues ni un peso de más. Solo menciono lo que he probado con mis propias manos —y mis propios desastres— en esta cocina.

Manos ocupadas: mi versión del bienestar creativo

Ese bloque de glicerina casi transparente es puro reflejo de luz antes de que le eche una gota de color, y cortarlo es lo más parecido que tengo a apagar el cursor parpadeante de una tableta digital. Trabajo ilustrando toda la semana con las manos quietas sobre un lápiz óptico, así que sentir peso real, temperatura real, algo que se derrite o se endurece bajo mis dedos, es un descanso que ninguna pausa en pantalla me da.

Algunos sábados empiezo antes, en el Mercado de Paloquemao, buscando flores secas o algún frasco raro para decorar después lo que salga de la cocina. No es una excursión larga ni planeada: es más un pretexto para caminar entre puestos antes de encerrarme el resto de la tarde con la cera y la glicerina.

Bloque de glicerina recién cortado, primer paso para hacer jabones artesanales en casa

Un sábado con cera se siente distinto a un domingo cualquiera

La diferencia no está en el calendario sino en lo que le pido a esas horas. Un domingo cualquiera lo paso viendo series o revisando el celular sin buscar nada en particular; un sábado con cera me obliga a estar completamente ahí, porque si me distraigo la fragancia se separa o la superficie queda rugosa.

Fue por eso que en algún momento dejé de improvisar tanto con las velas de soja y terminé el Curso de Velas de Soja Aromáticas Paso a Paso [Recomendado]: no porque quisiera venderlas ni convertir esto en negocio, sino porque quería dejar de adivinar cada vez que vertía la cera. Tener una estructura clara —cuándo mezclar, cuándo esperar— me dejó disfrutar más del proceso en lugar de pasar la tarde con los nervios de punta.

Sigo dosificando la fragancia más por costumbre que por receta exacta, y esa sigue siendo mi zona floja. Mi colega Marcela, ilustradora reconvertida en velera aficionada, tiene el problema contrario: es adicta a las esencias florales, pero siempre termina con la nariz pegada a sus propias manos en lugar de la vela ya lista. Nos reímos de eso cada vez que compara frascos por nota de voz.

No toda cera de soja se comporta igual, y esa diferencia se nota apenas la vela se enfría y la superficie queda lisa o no. Es de esas cosas que solo se aprenden derritiendo cera un sábado tras otro, no leyéndolo en una etiqueta.

Cera de soja derritiéndose en una jarra de acero, parte del proceso de hacer velas de soja

El peso tibio de la olla pequeña en la mano, con la cera todavía a medio fundir, es distinto a cualquier otro peso que cargo entre semana: ni el mouse ni la tableta pesan así, ni se sienten tibios contra la palma.

Desmoldar demasiado pronto (y lo que aprendí de ese jabón arruinado)

Uno de mis primeros tropiezos fue pura impaciencia: saqué un jabón del molde apenas pasada la hora, convencida de que ya estaba listo, sin darle el tiempo real que necesitaba para enfriarse del todo. El resultado fue un borde deforme, hundido de un lado, que terminó derretido otra vez en la olla al día siguiente.

Ahora sé que la mezcla quedó en su punto cuando la veo caer en el molde sin dejar ni una sola burbuja atrapada, lisa como si nunca hubiera sido líquida. Ese instante —y no el reloj— es el que me dice cuándo puedo dejar de vigilar y salir de la cocina un rato.

Hay tardes en que un jabón recién desmoldado amanece con gotitas en la superficie que no tienen nada que ver con lo que hice mal esa vez; simplemente la humedad de Bogotá hace lo suyo, y ya aprendí a no tomármelo personal.

Aceites esenciales y jabones artesanales envueltos, listos para regalar como parte de este pasatiempo en casa

El placer de regalar algo propio

Nada de esto tendría el mismo sentido si se quedara guardado en un estante. Regalar un jabón o una vela que salió de mi cocina —con todo y sus imperfecciones— es de los momentos que más disfruto de este pasatiempo, más incluso que el rato de hacerlo.

Mi prima segunda Adriana, que vive en Cali y viene a Bogotá de vez en cuando, fue la primera en recibir uno de esos jabones terminados como regalo, y hasta lo subió a su Instagram sin avisarme. Desde entonces bromea con que lleva una lista mental de todo lo que le he regalado en la vida, así que cada vez que le doy algo nuevo me recuerda exactamente cuántas velas van ya.

También he empezado a pensar más en para quién hago cada barra: hay gente cercana con piel sensible, y ahí entran en juego los beneficios de usar jabones de glicerina para piel sensible hechos en casa, mucho más fáciles de ajustar cuando uno mismo decide qué le pone a la mezcla. Y si quiero que mi cocina huela bien mientras trabajo entre semana, ya sé qué aromas para jabones artesanales que relajan mi espacio de trabajo creativo usar el sábado anterior.

Todavía no me animo a hacer mis propios moldes en casa, aunque la idea me ronda cada vez que veo una forma imposible de conseguir ya hecha. Por eso tengo pendiente el Taller: Velas artesanales en moldes [También recomendado], para el día que quiera que mis velas dejen de verse todas igual de redondas.

Gata observando de cerca el proceso de hacer velas de soja en una cocina tranquila

Esto no se mide en horas de cliente

Converso a veces con amigas que tienen hijos pequeños, y todas coinciden en lo mismo: envidian estas tardes largas y sin interrupciones. Tienen razón en algo: este tipo de pasatiempo, tal como yo lo vivo, es un lujo de tiempo tanto como de materiales.

Ellas derriten un poco, atienden algo urgente, vuelven, y a veces la cera ya se solidificó antes de que puedan seguir. Su proceso es un rompecabezas de minutos sueltos, mientras que el mío es una tarde entera sin cortes. Valorar eso me ha hecho tomarme más en serio unas horas que antes daba por sentadas.

No necesito que la vela quede perfecta para una foto, solo que ilumine algo esta noche. Si alguien quiere empezar por su cuenta, puede leer primero lo que aprendí en el curso de velas de soja aromáticas paso a paso para hacerse una idea de por dónde arrancar sin tantos tropiezos como los míos.

Y si eres de las que prefiere aprender un poco de todo antes de decidirse por un solo camino, existe algo como el SUPER COMBO ARTESANAL 3 EN 1 (LIBROS + VIDEOS) [También recomendado], pensado justo para no terminar con aceite separado en el fondo de un frasco desde el primer intento.

Vela de soja encendida sobre una pila de libros, cierre de una tarde de bienestar creativo

Si tienes algún sábado —o cualquier otro día— que reserves solo para hacer algo con las manos, cuéntame qué haces, que aquí siempre cabe una historia más mientras espero a que termine de cuajar la próxima tanda.