Olorua

Cómo pasar de aficionada a experta en velas artesanales de soja

2026.06.24
Cómo pasar de aficionada a experta en velas artesanales de soja

El aroma de los sábados y el caos de la cera

Les cuento que hoy el aire en mi apartamento aquí en Bogotá huele a una mezcla extraña pero deliciosa: café recién colado en la greca y un toque de lavanda que, por fin, parece que se va a quedar en el ambiente y no a desaparecer apenas apague la mecha. Mi gato, que ya se cree el auditor oficial de mi mesa de trabajo, está sentado justo al borde del mesón, mirando cómo limpio los restos de cera con una paciencia que ni yo misma me reconozco. Es un sábado de junio muy tranquilo, de esos donde la luz entra bajita por la ventana y te dan ganas de quedarte en pijama todo el día.

Si me hubieran dicho hace unos años, cuando empecé con los jabones en plena pandemia, que terminaría obsesionada con el punto de fusión de la cera, me habría reído. Pero es que esto de las velas tiene algo que te atrapa. Empecé en 2023 con un kit que me regalaron, y aunque al principio era puro juego, poco a poco me fui cansando de que mis velas parecieran experimentos fallidos de primaria. Ya saben, esas que huelen rico en el frasco pero que cuando las prendes... nada. O peor, esas que quedan con una superficie que parece la cara de la luna, llena de cráteres y bultos. No es que quiera montar una multinacional, pero si voy a pasar mis tardes de sábado en esto, quiero que el resultado sea tan bonito como los dibujos que hago para mis clientes.

Vela de soja con un agujero o cráter cerca del pabilo mostrando un error común

De las vacaciones de fin de año al 'momento del cráter'

Todo esto de querer ponerme seria empezó durante las vacaciones de fin de año, allá por diciembre de 2025. Estaba emocionada preparando regalitos para mis tías y mis amigas del colegio, y me pasé casi todo el mes derritiendo cera de soja a ojo. Yo pensaba que era como cocinar: un poquito de esto, un chorrito de aquello... ¡y listo! Pero no. Imagínense la frustración cuando mi prima me mandó una foto de su vela y tenía esa primera vela con un agujero enorme junto a la mecha que parecía un pequeño cráter volcánico en mi mesa de trabajo. Me dio una vergüenza... sentí que les estaba regalando algo a medio hacer.

Y entonces, me di cuenta de que llevaba meses dando vueltas en círculos. Había leído un par de blogs y visto videos rápidos, pero seguía cometiendo los mismos errores. Ya me había pasado con la glicerina; ¿se acuerdan de cuando les conté sobre por qué el jabón de glicerina suda y cómo evitarlo fácilmente? Pues con las velas es igual de caprichoso el asunto. La cera de soja es como una diva: si no la tratas a la temperatura exacta, te castiga con superficies rugosas o con el famoso 'frosting', esa escarcha blanca que parece azúcar pero que en realidad es solo cristalización natural.

Termómetro midiendo la temperatura de la cera de soja derretida en una jarra

El encuentro con Candle Makers Pro en una tarde lluviosa

Una tarde lluviosa de marzo, de esas donde Bogotá se pone gris y el frío se mete por las rendijas de la ventana, me senté con mi cobija y decidí que no más adivinanzas. Encontré el curso de May Candles y, aunque al principio dudé (porque ya saben que soy más de aprender haciendo), me decidí a darle una oportunidad. Quería entender la química, pero explicada para alguien que dibuja flores, no para un científico de la NASA. Y fue revelador. Entender que el punto de fusión de la cera de soja para contenedores debe estar entre los 45-52 grados Celsius cambió todo. Yo la estaba calentando como si fuera sopa, ¡pobre cera!

Lo más loco fue el consejo que al principio me dolió: deja de usar fragancias costosas por un momento. Mi instinto era echarle los aceites más caros que encontraba en el mercado orgánico, pero May explicaba que primero hay que dominar la física del vertido. Si no sabes cómo se comporta la cera pura, estás botando plata en aromas que se van a quemar mal. Fue un ejercicio de humildad, la verdad. Me pasé un par de fines de semana haciendo velas 'desnudas', sin olor, solo fijándome en cómo enfriaban. Y ahí fue cuando empecé a sentir la textura sedosa de la cera de soja derretida entre los dedos y el sonido metálico del termómetro golpeando el fondo de la jarra como una música de meditación.

Vertido lento de cera de soja líquida en un frasco de vidrio transparente

La ciencia del pabilo y el fin del túnel

Hace unas tres semanas tuve mi gran 'eureka'. Resulta que el problema de mis velas que no quemaban parejo no era la suerte, sino el pabilo. Yo compraba el que me pareciera más 'lindo' o el que venía en el paquete genérico. Pero aprendí a calcular el diámetro exacto según el ancho de mis frascos de vidrio. Adiós al molesto 'túnel' que dejaba media vela desperdiciada en las paredes del envase. Es increíble cómo algo tan pequeño puede arruinar o salvar todo el trabajo de una tarde.

También entendí lo de la temperatura de vertido recomendada, que para la soja suele estar entre los 40-45 grados Celsius. Antes, yo vertía la cera apenas la sacaba del fuego, y claro, el choque térmico con el vidrio frío hacía que la vela se despegara o quedara con manchas. Ahora, espero. Dibujo un poco en mi libreta, juego con el gato, y cuando el termómetro marca lo que debe ser, vierto lentamente. Ese momento es casi sagrado. Si les interesa profundizar en esto, hace un tiempo escribí sobre lo que aprendí al hacer velas artesanales con mis propias manos, que fue mi primer acercamiento antes de ponerme tan técnica.

Estantería con velas de soja terminadas con superficies lisas y perfectas

Un sábado de junio con resultados profesionales

Hoy, un sábado por la mañana a principios de junio, miro mi estantería y no puedo creer la diferencia. Tengo una fila de velas con superficies tan lisas que parecen compradas en una boutique de lujo de la Zona T. Pero lo mejor es que las hice yo, aquí en mi cocina, con mi gato de testigo. He aprendido que la carga máxima de fragancia en cera de soja no debe pasar del 10%. Antes, yo pensaba que entre más aceite, más olía, pero lo que hacía era saturar la cera y que el aceite 'sudara' por arriba. Qué desperdicio, ¿no?

Incluso he aprendido a tener paciencia con el curado. El 'curado' de una vela de soja requiere al menos una semana para que la fragancia se fije correctamente. Es difícil no querer prenderla apenas se enfría, pero la espera vale la pena. Es como dejar reposar un buen guiso de mi abuela; los sabores (o en este caso, los olores) necesitan tiempo para conocerse y abrazarse dentro de la estructura de la cera. Si están buscando dar ese paso de hobista a algo más pulido, les recomiendo que miren los mejores cursos de velas y jabones artesanales para principiantes hoy, porque tener una guía clara te ahorra muchísimos dolores de cabeza y, sobre todo, mucha cera desperdiciada.

Gato observando las velas terminadas en una tarde lluviosa en Bogotá

Reflexiones entre moldes y esencias

A veces me pongo a pensar en las recetas de jabón que hacía mi abuela con sebo y ceniza. Ella no tenía termómetros digitales ni cursos online, pero tenía una intuición increíble. Yo he tenido que apoyarme en la técnica para recuperar esa conexión con lo manual. Sigo siendo la misma ilustradora que se distrae con el vuelo de una mosca, pero ahora mis manualidades tienen un orden que me da mucha paz. El frosting ya no me asusta, porque sé que es solo la cera de soja siendo natural, y mis frascos ya no tienen cráteres volcánicos.

Al final, pasar de aficionada a experta no significó para mí abrir una tienda en Instagram o volverme una empresaria estresada. Significó que ahora, cuando enciendo una vela mientras trabajo en un encargo de ilustración, la vela se quema perfecto, huele a lo que debe oler y me recuerda que aprender algo nuevo, paso a paso y con buena letra, es el mejor regalo que me puedo hacer. Y entonces, cierro la ventana porque empieza a refrescar, acaricio al gato y me quedo disfrutando de esa luz suave que solo una vela bien hecha puede dar.